Quizá lo más importante no sea caminar 830 kilómetros hasta fin del mundo, quizá lo más importante no sea el cansancio y las ampollas, sino a las personas que he conocido y con quienes he convivido mi camino y el suyo. El día 1 de Abril del 2014 empecé mi gran aventura desde Roncesvalles hasta Finisterre.
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El Camino de Santiago es toda una experiencia que hay que vivir y sentir. No solo compartes esta aventura con quienes te acompañan, también compartes y ofreces ayuda a todo aquel que lo necesita. Gracias a “Textil Energy” http://textilenergy.com/, no solo pude yo tener autosuficiencia energética, sino que pude ofrecer energía para cargar el móvil a mis compañeros de viaje. Fue realmente muy útil porque mientras disfrutas del paisaje, del camino y de la compañía, puedes aprovechar las horas de sol para no quedarte sin energía. También en los días nublosos la placa, de “Textil Energy”, ha respondido muy bien.
Hacer el camino es disfrutar de los paisajes, de las vistas, de la naturaleza en estado puro. Ningún otro momento es tan importante como el presente y ninguno tan espectacular, por eso dejarte llevar mientras vives este momento es realmente impresionante. Olvidarte del estrés diario, poder respirar aire puro, conocer gente increíble, y desconectar de todo aquello que te ata.
Todo comenzó en la Comunidad Foral de Navarra, en Roncesvalles con preciosos paisajes verdes y alguna que otra montaña. Lo peor las entradas a las urbes, donde pierdes la conexión con la naturaleza. Pero no solo en Navarra, también en Burgos, Logroño, León… En los viñedos de La Rioja, pude sacarle partido a mi placa solar en esos días tan soleados que tuve. La árida Castilla, con campos llenos de trigo verde fue lo más duro, por su paisaje no cambiante, kilómetros de rectas que parecían no tener fin, y por un calor digno del desierto Sáhara. Aunque después vino lo más bonito, el Bierzo Leonés con sus montañas pobladas de árboles y verde, con paisajes y parajes maravillosos que poco a poco me llevaron a Galicia. Entre verdes propios de un cuadro de un museo, parajes y gentes extraordinarias llegue a la Catedral de Santiago de Compostela tras 29 días de marcha. Todavía me quedaban 3 días más para llegar a Finisterre. Un lugar mágico donde pude experimentar el fin del mundo.
En este viaje y en esta aventura, “Textil Energy” me ayudó no solo con su placa solar, que en días soleados cargaba rapidísimo mi GPS, mi cámara y mis dos baterías; sino también por esas dos baterías de 5000 mhA que me sacaban del apuro cuando veía el temible “Batería baja”. En días nublados la placa cumplía su función, quizá menos rápida que en días soleados, pero cargaba, que en esos momentos de caminatas de 5 y 6 horas es lo que uno quiere, ya que durante el camino no existe estrés ninguno ni prisa por el tiempo. Lo único que busca un senderista es disfrutar de cada momento que ofrece este maravilloso lugar.
Me gustaría agradecer a “Textil Energy” la oportunidad que me dio en este viaje de tener autosuficiencia energética sin depender de enchufes y valiéndome por mí mismo en todo momento.
Es una experiencia única de la que estoy seguro que no me voy a olvidar jamás.
DON’T RUN OUT OF POWER!!!